Un estilo de vida pasivo equivale a un envejecimiento celular más rápido

25.11.2025

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Un estilo de vida pasivo equivale a un envejecimiento celular más rápido

 

¿Lleva una vida sedentaria? En ese caso tiene otro buen motivo para empezar a hacer ejercicio. La investigación muestra que el estilo de vida sedentario acelera el proceso de envejecimiento celular; las personas físicamente activas son, por tanto, biológicamente mucho más jóvenes que sus coetáneos que pasan la mayor parte del día sentados y sin moverse. Cómo nos afecta esta “falta de movimiento” a nivel celular lo descubrirá en este artículo.

La actividad física regular está directamente relacionada con el acortamiento de los telómeros (telómeros = estructuras especializadas de los cromosomas que protegen la integridad del ADN y la estabilidad cromosómica) y con el proceso de envejecimiento. Así lo demuestran, por ejemplo, los resultados de un estudio realizado por científicos de la Facultad de Medicina de la UC San Diego, en el que participaron unas 1 500 mujeres de entre 64 y 95 años. Se siguió su actividad física mediante un dispositivo que registraba todos sus movimientos. Los resultados mostraron que los telómeros de las mujeres que pasaban más de 8 horas al día sentadas y apenas realizaban ningún tipo de ejercicio eran considerablemente más cortos que los de las mujeres físicamente activas y, por tanto, indicaban también una edad biológica mayor que la edad cronológica real.

La falta de movimiento afecta de forma decisiva a nuestras mitocondrias, cuya función básica es precisamente la producción de energía para el organismo. En el interior de estos orgánulos celulares tiene lugar la llamada respiración celular, que nuestro cuerpo necesita de forma continua para los procesos bioquímicos. La actividad física no solo garantiza el correcto funcionamiento de la actividad mitocondrial, sino que también contribuye a eliminar los desechos metabólicos y a eliminar las mitocondrias viejas o dañadas. Una mayor cantidad y calidad de mitocondrias no solo mejora la función del músculo esquelético, lo que se refleja en el nivel de rendimiento físico, sino que también mejora la calidad de vida y la salud metabólica.

La actividad física influye en el desarrollo de los trastornos cognitivos y la demencia

El movimiento es una de las formas naturales de favorecer la producción del llamado factor neurotrófico derivado del cerebro (Brain-derived neurotrophic factor, BDNF), una proteína especial que ayuda al cerebro a reparar las células que empiezan a fallar, proteger las células cerebrales sanas y desarrollar nuevas conexiones entre las neuronas. De este modo, puede ser uno de los factores protectores frente a enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer o la enfermedad de Parkinson y desempeña un papel importante en el desarrollo de las funciones cognitivas. Por ello, también se debería prestar especial atención a que los niños dispongan de abundante actividad física desde edades muy tempranas, cuando se forman la percepción, la memoria, la imaginación, el pensamiento, la inteligencia, la atención y otras funciones.

¿El movimiento como prevención y panacea?

El movimiento es una parte inseparable de todo organismo vivo y, para el ser humano, representa un remedio natural para casi cualquier enfermedad. La actividad física reduce el riesgo de infarto, ictus, pérdida de memoria, depresión, diabetes, obesidad, cáncer de mama y de colon; mejora la artritis, el reumatismo y el dolor de espalda; previene la osteoporosis, influye positivamente en el estado emocional y, por si todo esto no fuera suficiente, sobre todo prolonga la vida. Podemos tomar los mejores complementos alimenticios, pero sin movimiento muchos procesos no funcionarán correctamente. Las conclusiones de los estudios demuestran claramente que las personas físicamente activas mantienen sus capacidades funcionales a un nivel más alto durante toda la vida, en comparación con las personas con un estilo de vida sedentario.