Problemas digestivos durante los viajes: prevención de la diarrea del viajero y botiquín de primeros auxilios para el viaje

23.6.2026

Artículos

Digestive Problems While Traveling: Prevention of Traveler’s Diarrhea and a Travel First-Aid Kit

Los problemas digestivos se encuentran entre las complicaciones de salud más habituales durante los viajes; en las regiones tropicales y subtropicales, afectan al 40-60 % de los visitantes. Afortunadamente, la mayoría de estos problemas desagradables pueden prevenirse con éxito o, al menos, reducirse significativamente su gravedad. La clave está en preparar su sistema digestivo antes de la salida y disponer de los suplementos adecuados. En este artículo encontrará una visión general de las causas, una lista de verificación práctica y consejos sobre qué llevar consigo. [1]

Resumen del artículo

  1. ¿Por qué la digestión es más sensible cuando se viaja?
  2. ¿Qué es la diarrea del viajero y quiénes corren mayor riesgo de padecerla?
  3. Prevención: cómo preparar su sistema digestivo antes de la salida
  4. Probióticos, fibra y ácido gástrico
  5. Qué llevar: una práctica lista de control para el viaje
  6. ¿Qué se debe hacer ante los primeros síntomas de diarrea o problemas digestivos?
  7. Cuándo acudir al médico
  8. Situaciones especiales: viajar con niños, digestión sensible y vuelos
  9. Puntos clave

¿Por qué la digestión es más sensible cuando se viaja?

Durante los viajes, el sistema digestivo se ve expuesto a diversos factores que pueden alterar su equilibrio. La microbiota intestinal —una comunidad de bacterias y otros microorganismos que habitan en nuestros intestinos— es especialmente sensible a los cambios ambientales. Las nuevas cepas bacterianas locales presentes en el agua, los alimentos o el aire pueden alterar el equilibrio de la microbiota en tan solo unas horas.

Problemas digestivos durante los viajes

El estrés relacionado con los viajes y los patrones de sueño alterados también pueden afectar al denominado «eje intestino-cerebro»: la conexión entre el sistema nervioso y el tracto digestivo. El estrés puede alterar no solo el equilibrio de la microbiota intestinal, sino también la motilidad intestinal. Los cambios en los hábitos alimenticios, una mayor ingesta de grasas, el consumo de alimentos picantes y, sobre todo, las diferentes normas de higiene alimentaria desempeñan un papel importante.

El resultado puede ser una serie de molestias digestivas, como diarrea, hinchazón, náuseas o estreñimiento, incluso en personas que normalmente no padecen problemas digestivos en su vida cotidiana.

¿Qué es la diarrea del viajero y quiénes corren mayor riesgo de padecerla?

La diarrea del viajero se define como tres o más deposiciones líquidas en un plazo de 24 horas que se producen en el extranjero o poco después de regresar a casa. La causa más frecuente es la Escherichia coli; con menor frecuencia, la Campylobacter, la Salmonella o los norovirus. Estos microorganismos suelen introducirse en el organismo a través de agua contaminada, alimentos poco cocinados, frutas y verduras sin lavar o una higiene de manos deficiente.

Las personas con mayor riesgo de sufrir diarrea del viajero
Las personas con mayor riesgo de sufrir diarrea del viajero

Entre los destinos de alto riesgo se incluyen:

  • Asia Meridional y Sudoriental
  • América Central, México y el Caribe
  • África Central y África subsahariana
  • África del Norte y Oriente Medio

Grupos que deben prestar especial atención a la prevención:

  • Los niños menores de 5 años: su sistema inmunitario, su barrera intestinal y su microbioma aún se están desarrollando y, por lo tanto, son más susceptibles a las infecciones intestinales.

  • Mujeres embarazadas: la deshidratación asociada a problemas digestivos puede tener graves consecuencias.

  • Personas con digestión sensible —síndrome del intestino irritable— o aquellas que hayan finalizado recientemente un tratamiento con antibióticos.

  • Personas mayores: la producción de ácido gástrico disminuye con la edad, lo que debilita una parte importante del sistema de defensa del tracto digestivo.

Prevención: cómo preparar su sistema digestivo antes de la salida

Una prevención eficaz de la diarrea del viajero combina medidas de higiene rigurosas durante el viaje con un apoyo específico para el intestino y la microbiota entre varios días y varias semanas antes de la salida.

La regla principal para los destinos de alto riesgo es: cocínelo, pélelo o no lo consuma. En la práctica, esto significa:

  • Consuma únicamente alimentos bien cocinados y evite las ensaladas crudas y la fruta cortada que se vende en los mercados.

  • Beba únicamente agua embotellada o filtrada. El hielo de las bebidas locales suele proceder del grifo.

  • La comida callejera no supone necesariamente un riesgo si está recién preparada y bien cocinada. No obstante, evite los puestos en los que la comida simplemente se recalienta o se deja a temperatura ambiente.

  • Lávese siempre las manos antes de comer; el desinfectante de manos es imprescindible.

Prevención de la diarrea del viajero
Prevención de la diarrea del viajero

Probióticos, fibra y ácido gástrico

La barrera intestinal está formada por varios mecanismos de defensa. La primera línea de defensa es el ácido gástrico (HCl), cuyo entorno ácido puede neutralizar una gran parte de los patógenos antes de que lleguen al intestino. Sin embargo, si se reduce la producción de ácido gástrico —ya sea de forma natural con la edad, debido al uso de inhibidores de la bomba de protones (IBP) o a causa de un estrés excesivo—, esta función protectora se ve debilitada.

La segunda línea de defensa es el revestimiento intestinal y la microbiota intestinal. Ciertas cepas probióticas, como Lactobacillus rhamnosus GG o Saccharomyces boulardii, han demostrado reducir el riesgo de diarrea del viajero. Un metaanálisis de 12 ensayos controlados aleatorios publicado en Medicina del viajero y enfermedades infecciosas Se ha constatado que el uso de estas cepas probióticas específicas se asoció con una reducción de aproximadamente el 15 % en el riesgo de sufrir diarrea del viajero, con Saccharomyces boulardii entre las cepas mejor documentadas. Para obtener resultados óptimos, se recomienda comenzar a tomar probióticos entre una y dos semanas antes de la salida, a fin de disponer de tiempo suficiente para favorecer el equilibrio natural de la flora intestinal. [2][3]

Probióticos antes de viajar

La fibra dietética también desempeña un papel importante al favorecer la diversidad y la estabilidad de la microbiota intestinal. Sin embargo, en personas sensibles, un aumento repentino de la ingesta de fibra puede provocar una hinchazón temporal. En tales casos, es recomendable aumentar la ingesta de fibra de forma gradual o reducirla brevemente durante los viajes. Una mayor ingesta de fibra debe ir siempre acompañada de una hidratación adecuada, de modo que la fibra pueda actuar correctamente y no contribuya al estreñimiento.

Qué llevar: una práctica lista de control para el viaje

Suplementos que resultan útiles cuando se viaja a destinos de alto riesgo:

  • Probióticos: cepas como Lactobacillus rhamnosus GG o Saccharomyces boulardii en cápsulas no requieren refrigeración y, por lo tanto, son adecuadas para viajar. Lo ideal es empezar a tomarlas entre una y dos semanas antes de la salida, continuar durante toda la estancia y durante una semana después de volver a casa.

  • Electrolitos: durante episodios de diarrea o sudoración excesiva (temperaturas tropicales, actividad física), se pierde rápidamente sodio, potasio y magnesio. Los electrolitos restablecen el equilibrio mineral y ayudan a prevenir la deshidratación. [4]

  • Zinc: el zinc contribuye a la integridad del revestimiento intestinal y a la inmunidad natural del intestino. Las investigaciones realizadas tanto en niños como en adultos demuestran que la suplementación con zinc acorta la duración de la diarrea. [5] Si viaja a zonas de alto riesgo, es recomendable que comience a tomarlo aproximadamente entre una y dos semanas antes de la salida y que continúe durante toda su estancia para reforzar la inmunidad de las mucosas antes de cualquier posible contacto con agentes patógenos.

  • Magnesio: ante el estrés derivado de los viajes y los cambios bruscos en la alimentación, el magnesio ayuda a aliviar los calambres intestinales y a mantener la función muscular normal.

  • Enzimas digestivas: cuando se produce un cambio en la dieta y se consumen alimentos grasos o más difíciles de digerir, las enzimas digestivas pueden facilitar la digestión y reducir el riesgo de molestias como la sensación de saciedad o la hinchazón.

  • Carbón activado: a corto plazo, ayuda a adsorber determinadas toxinas, gases y otras sustancias presentes en el intestino, y puede aliviar las molestias digestivas relacionadas con errores en la alimentación, hinchazón, flatulencia o diarrea leve. Es importante señalar que el carbón activado no elimina por sí solo las bacterias ni los virus, sino que únicamente se une a determinadas sustancias en el tracto digestivo. No constituye una solución para la causa subyacente de la diarrea infecciosa acompañada de fiebre, por lo que en tales casos se debe considerar la posibilidad de acudir al médico. Tome el carbón activado con al menos 2 horas de diferencia respecto a los medicamentos y suplementos, ya que puede reducir su absorción y eficacia.

  • Endiaron: a diferencia del carbón activado, no actúa únicamente mediante adsorción, sino que elimina de forma activa las causas de la diarrea infecciosa. Actúa directamente contra determinadas bacterias y otros microorganismos presentes en el intestino, lo que lo hace especialmente adecuado cuando se sospecha que la diarrea tiene un origen bacteriano. A diferencia de los antibióticos tradicionales, no altera de forma significativa la microbiota intestinal y se utiliza con frecuencia para tratar la diarrea del viajero o las infecciones intestinales agudas. Sin embargo, no es adecuado para la prevención, y siempre es necesario consultar a un médico en caso de síntomas persistentes, fiebre alta o sangre en las heces.

¿Qué se debe hacer ante los primeros síntomas de diarrea o problemas digestivos?

La hidratación es el paso más importante. La diarrea provoca una rápida pérdida de líquidos y electrolitos, por lo que el agua por sí sola no es suficiente. La base es el agua con electrolitos. Si no se dispone de una mezcla de electrolitos, el agua con una pequeña cantidad de sal y zumo de limón o lima puede servir como una sencilla opción de primeros auxilios.

Dieta en caso de diarrea:

  • Arroz, zanahorias cocidas, plátano, pan de molde blanco o caldo de pollo claro

  • Evite los productos lácteos, la fruta cruda y los alimentos grasos y picantes.

  • Reduzca temporalmente la ingesta de fibra: la fermentación en el intestino agrava la diarrea.

Suplementación durante la diarrea:

  • Electrolitos: de forma inmediata y continua cada 2-3 horas

  • Probióticos: favorecen el bienestar intestinal incluso durante la diarrea, no solo después de ella.

  • Zinc: acorta la duración de la enfermedad y ayuda a restaurar la mucosa intestinal.

Hidratación, dieta y suplementación durante la diarrea
Hidratación, dieta y suplementación durante la diarrea

Cuándo acudir al médico

La mayoría de los casos de diarrea del viajero se resuelven por sí solos en un plazo de tres días. No obstante, se requiere atención médica en las siguientes situaciones:

  • Una fiebre superior a 38,5 °C o la presencia de sangre en las heces pueden indicar una infección bacteriana que requiera antibióticos.

  • Diarrea que dura más de tres días sin que se observe mejoría

  • Síntomas de deshidratación grave: mareos, orina oscura, incapacidad para retener los líquidos.

  • Niños pequeños con diarrea y vómitos: en este grupo, la deshidratación se produce con mucha mayor rapidez.

Situaciones especiales: viajar con niños, digestión sensible y vuelos

Viajar con niños:

Los niños a partir de los 3 años pueden tomar probióticos en un formato adecuado para ellos (en polvo o en gotas, o vaciando el contenido de una cápsula en la comida).

Intolerancia a la histamina y sensibilidad digestiva:

Las personas con intolerancia a la histamina deben tener precaución con los alimentos fermentados, los quesos curados y madurados (como el camembert) y el pescado en conserva. Las enzimas digestivas que contienen DAO (diaminooxidasa) pueden ayudar a reducir la ingesta de histamina procedente de los alimentos. Si padece estos problemas de salud, le recomendamos también nuestro artículo sobre los síntomas de la intolerancia a la histamina y por qué la dieta por sí sola no es suficiente.

La digestión durante los vuelos:

La baja presión en la cabina y la baja humedad hacen que los intestinos sean más sensibles y pueden provocar hinchazón con mayor facilidad. Le recomendamos que beba más agua, limite el consumo de alcohol y café, y evite las bebidas carbonatadas y las comidas pesadas. El magnesio en forma de bisglicinato ayuda a aliviar la tensión muscular en el tracto digestivo.

Puntos clave

  • Los problemas digestivos durante los viajes son muy comunes: la diarrea del viajero afecta a entre el 40 % y el 60 % de las personas que viajan a regiones tropicales y subtropicales, pero la mayoría de los casos pueden prevenirse con las medidas adecuadas.

  • La prevención comienza antes de la salida: es importante cuidar la microbiota intestinal, garantizar una producción adecuada de ácido gástrico y seguir las normas básicas de higiene durante el viaje.

  • Los probióticos pueden reducir el riesgo de sufrir diarrea del viajero: las cepas mejor estudiadas son Lactobacillus rhamnosus GG y Saccharomyces boulardii. Lo ideal es empezar a tomarlos entre una y dos semanas antes del viaje.

  • La hidratación es la máxima prioridad durante la diarrea: lo más importante es reponer no solo los líquidos, sino también los electrolitos, cuya pérdida puede provocar deshidratación y un empeoramiento de su estado.

  • Merece la pena llevar un kit digestivo de viaje: resulta práctico incluir probióticos, electrolitos, zinc, carbón activado, magnesio y enzimas digestivas.

  • Los niños, las personas mayores y aquellas con una digestión sensible deben prestar especial atención a la prevención: el riesgo de complicaciones es mayor en estos grupos, por lo que la prevención reviste una importancia especial.

  • No todos los casos de diarrea pueden tratarse sin asistencia médica: la fiebre, la presencia de sangre en las heces, los signos de deshidratación o los síntomas que persistan durante más de tres días son motivos para acudir al médico.

  • Una preparación adecuada le permitirá disfrutar de unas vacaciones más tranquilas: unas medidas preventivas bien elegidas y unos cuantos suplementos básicos en su equipaje pueden reducir significativamente el riesgo de que los problemas digestivos le estropeen el viaje.

Fuentes:

[1] Steffen R. Epidemiología de la diarrea del viajero. Clinical Infectious Diseases. 2005;41(Suplemento 8):S536–S540. https://academic.oup.com/cid/article-abstract/41/Supplement_8/S536/569219?redirectedFrom=fulltext&login=false

[2] McFarland LV. Metaanálisis de los probióticos para la prevención de la diarrea del viajero. Travel Medicine and Infectious Disease. 2007;5(2):97–105. doi:10.1016/j.tmaid.2005.10.003. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1477893905000918

[3] Bae JM. Eficacia profiláctica de los probióticos frente a la diarrea del viajero: un metaanálisis adaptativo de ensayos controlados aleatorios. Epidemiology and Health. 2018;40:e2018043. doi:10.4178/epih.e2018043. https://e-epih.org/journal/view.php?doi=10.4178/epih.e2018043

[4] Organización Mundial de la Salud. Directrices para el tratamiento de la diarrea, que incluyen nuevas recomendaciones sobre el uso de soluciones de rehidratación oral (SRO) y suplementos de zinc para el personal sanitario que trabaja en centros clínicos. OMS; 2005. https://www.who.int/publications/m/item/shock-sam--diarrhoea-treatment-guidelines-including-new-recommendations-for-the-use-of-ors-and-zinc-supplementation-for-clinic-based-healthcare-workers

[5] Sazawal S, Black RE, Bhan MK, et al. Suplementación con zinc en niños pequeños con diarrea aguda en la India. The New England Journal of Medicine. 1995;333(13):839–844. https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJM199509283331304

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