La deficiencia de yodo - un problema de salud pública en ascenso

21.11.2025

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La deficiencia de yodo - un problema de salud pública en ascenso

A pesar del uso generalizado de la suplementación con yodo en todo el mundo, la deficiencia de yodo sigue siendo un grave problema de salud en Europa. En 2004 se estimó que, de los 2 mil millones de personas en el mundo en riesgo de deficiencia de yodo, aproximadamente el 20 % vivía en Europa. Aunque el cretinismo - la forma más extrema de carencia de yodo - prácticamente ha desaparecido en Europa, preocupan más las formas leves derivadas de la deficiencia de yodo, que pueden conducir a trastornos tiroideos, reducción del intelecto, bajo rendimiento escolar o disminución de la capacidad laboral.

¿Qué aprenderá en este artículo?

  1. Yodo
  2. Funciones biológicas del yodo en el organismo
  3. Deficiencia de yodo
  4. Grupos de riesgo y consecuencias de la carencia de yodo
  5. Sustancias que bloquean la absorción o el aprovechamiento del yodo
  6. Otros usos del yodo
  7. Exceso de yodo
  8. Fuentes alimentarias de yodo

Yodo

El yodo es un importante elemento biogénico esencial para el correcto desarrollo del organismo. El nombre del elemento deriva del griego “iodes”, que significa “violeta”, porque forma cristales oscuros de color violáceo. Este halógeno fue descubierto en 1811 por el químico francés Bernard Curtois en las cenizas de algas marinas. En la Tierra se encuentra únicamente en forma de compuestos, y la mayor parte del yodo se encuentra en el agua de mar, donde está presente en forma de yoduro y yodato.

Funciones biológicas del yodo en el organismo

El yodo se concentra principalmente en la glándula tiroides, que contiene aproximadamente el 70 % del total presente en el organismo. También se encuentra en los ovarios, el tejido mamario, la hipófisis, los ojos, la bilis y las glándulas salivales. El yodo es esencial para la formación de las hormonas tiroideas tiroxina (T4) y triyodotironina (T3), de las cuales constituye aproximadamente el 65 % y el 59 % de su peso molecular, respectivamente. Las hormonas tiroideas regulan el metabolismo celular, estimulan la utilización de oxígeno para la producción de energía, mantienen la temperatura corporal y controlan el crecimiento y el desarrollo del sistema nervioso y de los órganos, incluido el cerebro. Por ello, una ingesta óptima de yodo y unos niveles adecuados de hormonas tiroideas son esenciales durante el embarazo para el desarrollo fetal, y posteriormente durante la primera infancia, especialmente durante los tres primeros años de vida.

Deficiencia de yodo

La deficiencia de yodo es un problema mundial grave. Se estima que afecta a hasta 2 mil millones de personas y, en el caso de Europa, a hasta el 50 % de su población. Una de las principales causas es la baja concentración de yodo en el suelo, que varía significativamente según la región. El yodo procedente del mar llega a tierra firme en forma de vapor, lo que explica por qué las zonas costeras poseen niveles más altos que el interior o las áreas montañosas.

Situación en España

Aunque España es un país con extensas zonas costeras, la deficiencia de yodo sigue siendo un problema relevante de salud pública, especialmente en regiones del interior y zonas montañosas.
Históricamente, comunidades como Aragón, Castilla y León, Castilla-La Mancha o ciertas áreas de Andalucía y Galicia presentaban niveles insuficientes de yodo en la población.

Grupos de riesgo y consecuencias de la deficiencia de yodo

Gracias a las campañas de yodación de la sal y al mayor consumo de alimentos enriquecidos, la situación ha mejorado en las últimas décadas, pero no está completamente resuelta. Los grupos más vulnerables son mujeres embarazadas y niños (especialmente menores de 3 años). Durante el embarazo, la necesidad de yodo puede duplicarse. Una deficiencia grave en el desarrollo fetal o en la primera infancia puede provocar cretinismo, una condición que causa retraso mental y físico irreversible.

Reducción de las capacidades intelectuales

Debido al papel crucial del yodo en el desarrollo cerebral y la mielinización del sistema nervioso central, su falta puede causar dificultades de aprendizaje y disminución del rendimiento cognitivo en niños. Existen estudios [1] [2] que señalan una relación entre la baja ingesta de yodo y una reducción del coeficiente intelectual de hasta 13,5 puntos.

Trastornos tiroideos

Otras manifestaciones de la carencia incluyen trastornos tiroideos. Cuando la ingesta es menor a 20 mcg/día, se observa con frecuencia hipotiroidismo, a menudo acompañado de bocio. El bocio es una señal clínica temprana de deficiencia de yodo y representa un intento compensatorio de la glándula tiroides de producir más hormonas. Los síntomas relacionados con la disminución de la función tiroidea incluyen fatiga, estreñimiento, debilidad muscular, piel seca, disminución de la libido, irregularidades menstruales y tendencia al aumento de peso.

Sustancias que bloquean la absorción o el uso del yodo

La absorción o utilización del yodo puede verse afectada por la presencia de percloratos o de goitrogenos en la dieta.

Percloratos - contaminantes ambientales - pueden inhibir la captación de yodo por la tiroides, reduciendo la producción hormonal. Entren en el medio ambiente a través de fertilizantes nitrogenados, procesos industriales, agua desinfectada y combustibles.

Goitrógenos, presentes en verduras crucíferas como coliflor, brócoli, col o repollo, pueden interferir en la utilización del yodo y la síntesis hormonal. Sin embargo, su efecto requiere consumos extremadamente elevados, y estas verduras tienen numerosos beneficios para la salud.

Otros usos del yodo

Además de su papel en los trastornos tiroideos, el yodo presenta otros efectos importantes. Superficialmente actúa como un fuerte antiséptico utilizado desde hace más de 170 años para desinfectar heridas. Sus propiedades antimicrobianas ya se conocían en la antigüedad.

El yodo tiene también un efecto mucolítico que ayuda a disolver la mucosidad, razón por la cual en casos de congestión nasal se recomienda el lavado nasal con soluciones mineralizadas.

Asimismo, el yodo evita la acumulación de yodo radiactivo en la tiroides y fue utilizado, por ejemplo, tras el accidente de la central nuclear de Chernóbil.

También se emplea en afecciones mamarias, especialmente en la enfermedad fibroquística. La sensibilidad mamaria, como la presente en el síndrome premenstrual, puede estar relacionada con niveles insuficientes de yodo.

Exceso de yodo

Tras el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania, aumentó el interés por los comprimidos de yodo debido al temor a la radiación. Sin embargo, al igual que la deficiencia, el exceso también conlleva riesgos. Una ingesta excesiva puede dañar la tiroides. Los síntomas incluyen vómitos, diarrea, sabor metálico y cefaleas. La EFSA establece un límite máximo tolerable (UL) de 600 mcg/día para adultos. En Europa, la ingesta habitual no suele superar este valor.

Fuentes alimentarias de yodo

Las necesidades de yodo varían según la edad y el sexo. Para adultos, el consumo recomendado es de 150 mcg/día; para embarazadas y lactantes, 250 mcg/día.

Las principales fuentes alimentarias son pescados marinos, mariscos y algas. En las algas, el contenido depende en gran medida de la especie: las algas kombu contienen grandes cantidades, seguidas de wakame y, en menor medida, nori.

Muchos países han abordado la deficiencia mediante la fortificación de la sal. También se fortifican los piensos bovinos para alcanzar unos 200 mcg/kg de leche, lo que convierte a los lácteos en otra fuente de yodo. En el caso de la fruta, cerezas y guindas pueden ser más ricas en yodo, dependiendo del suelo donde se cultivan. El consumo de agua mineral Vincentka también puede contribuir a aumentar la ingesta; bastan 25–30 ml diarios.

Fuentes:

[1] Bleichrodt N., Born P.M. A Meta-Analysis of Research on Iodine and Its Relationship to Cognitive Development. In: Stanbury J.B., editor. The Damaged Brain of Iodine Deficiency: Cognitive, Behavioral, Neuromotor and Educative Aspects. Cognizant Communication Corporation; New York, NY, USA: 1994. pp. 195–200.

[2] Bougma K, Aboud FE, Harding KB, Marquis GS. Iodine and mental development of children 5 years old and under: a systematic review and meta-analysis. Nutrients. 2013 Apr 22;5(4):1384-416.

Bailey R.L., West K.P., Black R.E.: The Epidemiology of Global Micronutrient Deficiencies. Ann Nutr Metab 2015;66(suppl 2):22-33.

Leung AM, Pearce EN, Braverman LE. Perchlorate, iodine and the thyroid. Best Pract Res Clin Endocrinol Metab. 2010 Feb;24(1):133-41.

World Health Organization. (‎2007)‎. Iodine deficiency in Europe: a continuing public health problem.

https://www.efsa.europa.eu/sites/default/files/efsa_rep/blobserver_assets/ndatolerableuil.pdf